Lápiz y carboncillo

Qué modo más sencillo, de empezar a dibujar. Toda pintura buena tiene como base un buen dibujo y también se dice que todo pintor pinta como dibuja,

Es por ello por lo que empezaremos a comentar que hay distintos tipos de lápices. Generalmente son de grafito, y se clasifican de acuerdo con la dureza o blandura de éste. La letra H indica dureza y la letra B indica blandura. Una mina muy dura seria 6H, una mina dura 2H ó número 3, una mina media HB o número 2, una mina blanda 2B o número 1 y una mina muy blanda 6B. El más indicado para dibujo artístico es el 2B, mientras que para dibujo técnico sería el 2H.

Hay que comentar que también está el lápiz carbón compuesto, en el que la mina está compuesta de carbón vegetal, proporcionando un trazo más intenso.

Para meterse más en harina nos encontramos con el carboncillo, rama delgada carbonizada de sauce, avellano o romero.

Es ahí donde el dibujo empieza a convertirse en boceto y donde surge también el volumen de los cuerpos, la tercera dimensión. Los cuerpos iluminados con la luz presentan distintas graduaciones de claros y sombras, adentrándonos en el gran secreto del claro oscuro. Con ayuda del difumino, rollo de papel recortado que sirve para extender los trazos de ese carboncillo, conseguiremos descubrir la inmensidad de intensidades que hay entre la máxima luz que recibe un objeto y su sombra. A partir de entonces distribuyendo correctamente la luz y sombra, percibiremos en nuestro papel aquello que nos acerca más a la realidad de lo que el ojo ve es decir la tridimensionalidad.